Muchos son los mitos que hoy existen sobre la innovación, y es un tema que ha generado inquietud en las organizaciones desde hace algún tiempo. Tanto así, que Scott Berkun en uno de sus betsellers “Myths of Innovation”, describe más de 100 mitos respecto a este tema.
La innovación es una cualidad considerada dentro del ideal de las organizaciones, calificando a las empresas más exitosas como aquellas que son innovadoras, que logran adaptarse a los cambios del mercado y a las legislaciones en forma ágil, incluso anticipada. Sin embargo, ¿tenemos claro en las organizaciones qué es realmente la innovación? ¿Qué queremos lograr con ella?.
En muchas organizaciones, la innovación ha sido abordada desde la perspectiva de procesos, intentando decretar mediante una metodología, incluso mediante metas “top-down”, si las empresas son realmente innovadoras; dejando de lado el aspecto creativo o la libertad de creación que debe estar asociado a dicho proceso.
Sin quererlo, las organizaciones frustran los intentos de los colaboradores de ser creativos, enterrándolos bajo una cantidad de trámites y procesos que no permiten avanzar en la implementación de una idea simple.
Una organización no puede llegar a ser realmente innovadora si no limita la cantidad de trabajo administrativo que deben llevar a cabo las personas llamadas a idear o desarrollar proyectos novedosos. La actividad administrativa, rutinaria y repetitiva se contrapone a la actividad innovadora, porque la primera implica hacer algo de la misma manera por mucho tiempo; y la segunda, implica pensar constantemente cómo podemos hacer las cosas de otra forma. Implica cuestionarse si lo que estamos haciendo puede ser mejor o diferente.
Debemos considerar también otro aspecto que tiene que ver con la personalidad, y es la disposición que pueden tener unas personas más que otras a ser innovadoras, a aceptar nuevas ideas y cambiar su manera de hacer las cosas, y hasta su opinión. No todas las personas están abiertas a escuchar ideas, muchos “líderes” descartan propuestas, ni siquiera las escuchan porque representan una lucha incluso contra sus propios paradigmas, o porque finalmente no fueron creadas por ellos o sus equipo.
Unas de las principales características que debe tener una persona para ser creativa es la capacidad de imaginar que las cosas pueden llevarse a cabo, la capacidad de escuchar a otros que pueden alimentar una idea y potenciarla, así como buscar siempre otras perspectivas o puntos de vista. Todo esto forma parte del desarrollo de un pensamiento crítico, que es vital para convertirse en agente de cambios.
A pesar de ello, las organizaciones insisten en contratar personas que respondan a un mismo patrón, incluso repiten estos perfiles entre búsqueda y búsqueda, declaran que quieren ser innovadores, pero contratan personas “proactivas” y “enfocadas en logros” para que realicen las mismas tareas día a día, y cuándo se cansan de hacer lo mismo, los tachan de tener mal desempeño.
Construir una verdadera cultura de innovación pasa por aceptar la diversidad y lograr equipos, apasionados por hacer cosas nuevas cada día, apasionados por escuchar otras opiniones sin miedo a equivocarse.
Revisando casos de innovadores en la historia, pioneros en sus campos, nos damos cuenta que antes de desarrollar exitosamente su idea, pasaron por varios fracasos, equivocaciones y desilusiones. Pablo Picasso pasó muchos años hasta dar con el Cubismo en 1908; Walt Disney fracasó varias veces hasta lograr lo que hoy conocemos como la animación y crear su personaje más famoso, Mickey Mouse, en 1928. Y es aquí precisamente donde esta el punto crucial: cómo las organizaciones manejan el error y el fracaso. Cómo las empresas manejan las equivocaciones de los colaboradores cuando intentan hacer algo distinto y no lo logran. ¿Lo tildan de ineptitud?, ¿o tratan de entender las lecciones aprendidas?. Este aspecto es muy importante, ya que la asertividad con que las organizaciones manejan los errores y los fracasos, puede llevarlas a promover realmente un ambiente de innovación. De lo contrario sería acabar con lo que hoy es el bastión más importante de la empresa moderna.
Por Legmi Pilonieta.
Socio Fundador de 2Strategies
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